Tal vez alguna de ustedes recuerda haber sido, sentido, la princesa de papá. Papá o tal vez el abuelo o el tío que hubiera hecho de figura paterna, si el padre faltó. La figura paterna, aquella que se encargaba de nosotras, aquella persona que nos quería dar todo, que nada nos faltara, que nos cuidaba, muy especialmente de “los hombres”, siendo él mismo un hombre. Ahora ya nosotras mayores, no hubiera creído que la figura paterna sigue siendo tan importante como cuando era niña, tal vez, porque aún tengo algo que sanar. A mis 52 años, y mi padre muerto hace casi 9 años, lo he extrañado mucho últimamente. Y me pregunté exactamente ¿por qué?: He tenido muchas vivencias ahora, que me hacen recordar muchas situaciones de niña: cuando estábamos en la playa y yo construyendo castillos, y a mi papá que no le gustaba la arena, pero me explicaba cómo construir un castillo que no se caiga; cuando me agarraba la bicicleta atrás mientras yo aprendía a manejar; cuando se me escapó el cometa y mi papá detrás tratando de alcanzarlo para que yo no llorara; cuando me llevaba y me recogía de las fiestas y luego de grande, cuando me esperaba hasta que llegue a casa después de las fiestas; cuando a mi lado de copiloto me enseñaba a manejar auto, el que después siempre lo regresaba con alguna magulladura y él no se quejaba; en fin tantos otros recuerdos, y con cada recuerdo lloraba, he llorado mucho, y me di cuenta, que yo soy merecedora de todo eso, fuera de los momentos en que discutíamos y me castigaba, existían esos lindos muchos recuerdos que yo había opacado, olvidado. Y ahora, recordando, me doy cuenta de que yo era muy amada, tanto que era realmente una princesa, entonces que rayos paso en el camino que me olvidé de eso. Extraño a mi papá, porque seguro me haría recordar que soy una princesa y que no debo olvidarlo y jamás dejar que otros me vean / me traten como menos. Mucho cuidado: que una princesa también puede servir a los demás con mucho amor, pero jamás más allá de sus límites. Una princesa sabe decir que No, y los demás respetan eso. Y por supuesto, cuando se trata de otros hombres, con mucha más razón, el que quiere compartir su vida conmigo, pues debe tener muy en claro que la princesa soy yo, ahora que recuerdo mi lugar, ahora ya no dejaré más princesos entrar a mi vida.
Ahora que somos adultas, tomemos las riendas nosotras mismas, y recordemos: nos merecemos ese trato de princesas, empecemos por nosotras mismas tratándonos a nosotras mismas como princesas, los demás nos van a tratar tal y como nosotras nos vemos, siempre recuerden que lo merecen todo. Y entonces, claro que podemos solas, pero si alguien quiere entrar en nuestras vidas, pues lo mínimo es: trátame como la princesa que soy, nada menos.

